Poema de Gloria Fuertes

Las cosas, nuestras cosas…

Las cosas, nuestras cosas,

les gustan que las quieran,

a mi mesa le gusta que yo apoye los codos,

a la silla le gusta que me siente en la silla,

a la puerta le gusta que la abra y la cierre

como al vino le gusta que lo compre y lo beba,

mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,

mi armario se estremece si lo abro y me asomo,

las sábanas son sábanas cuando me echo sobre ellas

y la cama se queja cuando yo me levanto.

¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?

Como perros las cosas no existen sin el amo.


En: 4 poemas de Gloria Fuertes y una calabaza vestida de luna. Valencia: Versos y Trazos, 2007, 16.

Ninguna cosa sea donde falta la palabra

El hombre tiene la palabra: habla.

Hablar es el acto más libre. La palabra permite llevar a cabo las posibilidades de poder ser esencialmente humano. Todo lo que lo signifique ser hombre, humano o mortal reside en el lenguaje.

Es necesaria la discusión filosófica sobre el lenguaje más allá de la simplicidad de objetivarlo y analizarlo como si se tratase de una rareza ajena.

Mi pasión es la filosofía. Hoy día hay que ser muy resistente para mantenerse a flote. Pensar parece estar en desuso. Más fácil es dejarse llevar por las modas, la vida simplona y el mundo tecnológico como si el pensar no estuviera sosteniendo todo el aparato técnico en el que nos movemos tan confiados y satisfechos.

¿Qué le queda a la filosofía? Lo que siempre ha tenido, su mayor riqueza: hacer crítica. De esta idea parte este blog, de hacerse un hueco en aquellos que son buceadores y se sumergen en el cataclismo de nuestro tiempos. No, no da igual. Es necesario abrir los ojos, sentir con el cuerpo y apuntar hacia donde supura la podredumbre.

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